Había una vez una niña. Se llamaba Luna y quería ser cometa. Quería volar alto y hacer caracoles en el aire. Le gustaba la playa y el mar.
-Sino puedo ser cometa. Construiré una bien bonita. Será de color azul. Tendrá una cola bien larga y fucsia. Me la llevaré a la playa y aprenderé a hacer piruetas en el cielo.
Una tarde de verano, allá en el mes de junio, la niña empezó a construir su sueño. En el garaje de su casa y con la puerta abierta, veía pasar a la gente. Ella siempre sonreía. Éstos no entendían que es lo que hacía y se extrañaban.
- ¿Qué estás haciendo?- le dijo un vecinito curioso.
- Construyo mi sueño- le contestó la niña. - Es de color azul y fucsia. ¿Te gusta? Es una cometa.
El niño le explicó que él también tenía sueños.
- Cada noche tengo uno diferente. Pero cuando me despierto ya no están.
- Si quieres yo puedo ayudarte. Yo soñé que quería ser cometa y ahora haré volar la mía lo más alto que pueda.
Pero el niño no estaba muy convencido de la explicación de su vecinita. Además ya no se acordaba de ninguno de sus sueños. ¿Qué iba a construir entonces?
- Cuando quieras ya sabes donde vivo. En verano siempre estoy en mi garaje haciendo un sueño detrás de otro. Es que con el calor paso unas noches... Cuando me levanto voy rápido a coger una libretita que tengo y escribo todo lo que he soñado. ¡ Así estoy de atareada!
Así se despidieron y quedaron en contarse nuevos sueños y jugar con ellos.
A la mañana siguiente,cuando el vecinito llegó al garaje de Luna, esta ya hacía rato que estaba trabajando.
- ¡Qué cometa más bonita! ¡Qué cola más larga!
(continuará)
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2 comentarios:
sucre
Préndeme en la cola. Quiero ser los papelillos de colores blancos, rojos y amarillos de esa cometa de ilusiones.
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